Puede sonar exagerado, pero en nuestra experiencia es tangible. GitHub Copilot marca un antes y un después en la experiencia del desarrollador (DevEx). Su impacto va mucho más allá de la forma en que se construye software.
Se visualiza también en la manera en que los equipos interactúan, aprenden y toman decisiones. En esencia, introduce un nuevo modo de trabajo donde la colaboración entre personas y agentes de IA se vuelve continua, natural y altamente productiva.
En este artículo profundizaremos en estos cambios y en los beneficios que esta herramienta aporta a las empresas.
Durante años, la modernización de infraestructura fue una de esas decisiones que siempre podían esperar.Un proyecto complejo, costoso y con retornos poco visibles en el corto plazo, que invitaba a la postergación.
Eran comunes frases como “por qué cambiar lo que funciona” o “esta infraestructura nos ayudó a crecer”. Ese razonamiento derivó en migraciones postergadas, parches sucesivos y una convivencia prolongada con sistemas heredados que simplemente “aguantan”.. Hoy, esa lógica empieza a mostrar signos de agotamiento. Una acumulación de factores convierten la inacción en una amenaza directa para la continuidad del negocio.

Flexibilidad, seguridad e innovación
La presión viene desde múltiples frentes. Por un lado, el crecimiento exponencial de los datos y de las cargas digitales exige entornos más flexibles, automatizados y preparados para operar en tiempo real.
Por otro lado, la proliferación de ciberamenazas convierte a los sistemas heredados en superficies de ataque cada vez más difíciles de proteger.
A esto se suma la necesidad de integrar inteligencia artificial, analítica avanzada y servicios en la nube sobre infraestructuras diseñadas en otra era tecnológica.
Un problema económico, operativo y reputacional
Cada día que una organización posterga la modernización acumula costos ocultos que rara vez se reflejan en un presupuesto inmediato..
Mayor tiempo de indisponibilidad, más horas de soporte, dependencia de perfiles escasos, menor capacidad de innovación y un riesgo creciente de fallas críticas.
La infraestructura antigua no suele fallar de forma abrupta: se degrada de manera progresiva, hasta que un incidente, una auditoría o un ataque expone de forma abrupta años de postergaciones.
Las señales de alerta son múltiples y diversas:
– Caídas de sistemas que paralizan operaciones completas.
– Incidentes de seguridad que escalan en minutos.
– Interrupciones en cadenas de suministro digitales.
– Sanciones regulatorias por incumplimientos técnicos.
En muchos casos, el detonante no es un error puntual, sino una arquitectura que ya no puede sostener la complejidad actual.
No modernizar no es una decisión neutral: es una apuesta implícita a que nada grave ocurrirá mañana. Pero en un entorno marcado por automatización, nube, inteligencia artificial y amenazas persistentes, esa apuesta es cada vez más difícil de sostener.
La infraestructura es hoy un factor silencioso de competitividad: invisible cuando funciona, determinante cuando falla.
¿Qué implica “modernizar” la infraestructura?
Modernizar no se limita a migrar servidores o actualizar versiones. Implica repensar arquitecturas, adoptar modelos híbridos y multicloud, automatizar operaciones, redefinir esquemas de seguridad y preparar plataformas capaces de evolucionar con el negocio.
También exige gestionar el cambio organizacional, asegurar continuidad operativa y construir capacidades internas que permitan sostener esa transformación en el tiempo.
A veces, los grandes saltos digitales chocan contra límites estructurales. No se puede escalar lo que no fue diseñado para escalar. No se puede proteger lo que no fue concebido para ser seguro desde el diseño. No se puede innovar sobre una base que consume todos los recursos en “seguir funcionando”.
Modernización: una decisión de liderazgo
La modernización deja de ser un proyecto de IT: es una decisión de liderazgo. Los comités ejecutivos empiezan a entender que la infraestructura define la velocidad de la estrategia. No hay evolución digital posible sobre plataformas frágiles. La resiliencia ya no es un diferencial, sino un requisito mínimo para operar.
En América Latina, este desafío adquiere una dimensión particular. Muchas organizaciones crecieron sobre infraestructuras construidas en contextos de menor escala, menor exposición digital y menor presión regulatoria. Hoy enfrentan un entorno distinto, con clientes hiperconectados, ecosistemas digitales interdependientes y una superficie de riesgo en constante expansión. La ventana para modernizar de manera ordenada empieza a cerrarse.
En este escenario, Nubiral viene acompañando a organizaciones de distintos sectores en procesos integrales de modernización de infraestructura. La propuesta de valor se centra en la capacidad de orquestar transiciones complejas sin interrumpir el negocio. Modernizar sin detener operaciones, reducir riesgos mientras se acelera innovación, construir resiliencia sin perder control. En un momento en el que cada decisión de infraestructura impacta directamente en competitividad, continuidad y reputación, esa capacidad se vuelve estratégica.
Conclusiones
La modernización no es una promesa de eficiencia futura. Es una condición de supervivencia presente.
Las organizaciones que sigan postergando la decisión enfrentarán escenarios cada vez más costosos, frágiles y difíciles de revertir.
Para muchas, esta puede ser la última llamada antes de que la infraestructura deje de ser un soporte invisible y se convierta en el principal obstáculo para crecer, innovar y competir.
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